La viticultura ha sido un pilar fundamental de la dieta mediterránea, y aunque hoy en día disfrutamos de una copa de vino en nuestras comidas, hay mucho más detrás de su historia. ¿Te has preguntado alguna vez cómo influenciaron los pueblos antiguos en la producción de vino que conocemos hoy? A través de un fascinante estudio realizado en el yacimiento de Cetamura del Chianti, en Toscana, un equipo internacional de arqueólogos y genetistas ha desenterrado secretos que podrían cambiar nuestra comprensión de la vitivinicultura en la antigüedad. En este artículo, exploraremos las revelaciones sorprendentes acerca de las semillas de uva halladas, la continuidad en su cultivo y las conexiones comerciales que existían entre regiones como Italia, Francia y Hungría. Prepárate para descubrir un mundo donde el pasado y el presente de la viticultura se entrelazan de maneras inesperadas.
El descubrimiento en Cetamura del Chianti
Cetamura del Chianti se sitúa en un punto estratégico entre importantes asentamientos etruscos. Durante las excavaciones realizadas entre 2011 y 2016, se encontraron dos pozos que funcionaron como auténticas cápsulas del tiempo.
El primer pozo, utilizado desde el 300 a.C. hasta el 1200 d.C., conservó semillas desde el periodo etrusco hasta la Edad Media. Por otro lado, el segundo pozo, datado entre 0 y 400 d.C., corresponde exclusivamente a la época romana. En total, se recuperaron 310 semillas, pero solo 80 fueron sometidas a un análisis genético exhaustivo.
Los investigadores utilizaron diversas técnicas avanzadas para asegurar la fiabilidad de los resultados, lo que permitió identificar 43 semillas que aún contenían ADN apto para análisis. Este enfoque multidisciplinario marcó un hito en la investigación sobre la viticultura antigua.
La sorprendente continuidad del cultivo
Uno de los hallazgos más impresionantes fue el análisis de parentesco genético de las semillas. De 32 muestras analizadas, 27 pertenecían a una sola estirpe clonal, lo que indica que se trataba de plantas propagadas mediante esquejes en lugar de reproducción sexual.
Además, la datación por radiocarbono de cuatro de estas semillas reveló una continuidad de 362 años en el cultivo de esta variedad, que se extendió desde el periodo etrusco hasta la época romana. Esto sugiere que los viticultores de esas épocas decidieron conservar intencionalmente esta planta, manteniendo un legado varietal que perduró a través de generaciones.
El color de las uvas y su diversidad
Aunque hoy en día Cetamura se asocia principalmente con el vino tinto, el análisis genético sugiere otra realidad. La variedad dominante de las semillas tenía un 92,2% de probabilidad de producir uvas blancas, mientras que otras muestras mostraron probabilidades similares.
Este descubrimiento plantea la posibilidad de que la viticultura en la antigüedad fuera mucho más diversa de lo que imaginamos. Curiosamente, tanto el Sangiovese como la Malvasia Bianca Lunga, variedades conocidas hoy en día, no mostraron conexiones genéticas con las semillas antiguas, indicando que la historia de la viticultura es más compleja de lo que aparenta.
Caminos comerciales y conexiones internacionales
Los investigadores no se detuvieron en el análisis de las semillas de Cetamura. También compararon su ADN con variedades modernas y semillas de otros lugares de Europa. Los resultados revelaron que el comercio romano de la vid era más extenso de lo que se creía.
Una de las semillas de la transición etrusco-romana mostró un parentesco cercano con semillas de una granja en Mont Ferrier, en Francia. Además, esta variedad también tiene afinidades genéticas con la moderna Baratcsuha szurke, cultivada en Hungría. Esto sugiere que los romanos no solo transportaban vino, sino que también llevaban esquejes de uva, propagando linajes específicos a través de las fronteras.
Referencias
Inanli, O., Bouby, L., Bonhomme, V., de Grummond, N., González Carretero, L., Bacilieri, R., Schroeder, H., Ramos-Madrigal, J. y Wales, N. 2026. «Grapevine cultivation at Cetamura del Chianti: multiproxy evidence for centuries of continuity from the Etruscans to the Romans». Journal of Archaeological Science. DOI:
