¿Por qué nos duelen los músculos cuando contraemos la gripe o la covid-diecinueve?

Tanto el dolor muscular como el articular son efectos secundarios frecuentes de la covid-diecinueve y la gripe

Guillermo López Lluch, Universidad Pablo de Olavide

Ya antes de la pandemia de covid-diecinueve ya nos habíamos habituados a las anuales olas de gripe en las que los centros de salud aparecían en los noticiarios atestados de personas en los corredores padeciendo los estragos de los peores síntomas de la gripe, entre ellos la neumonía.

Para la mayor parte de los pacientes, afortunadamente, los síntomas de la gripe son más benignos y no precisan de hospitalización. Entre estos síntomas los más frecuentes son fiebre que provoca los escalofríos y el sudor frío, cefalea, tos persistente o seca acompañada de dolor de garganta, nariz congestionada, debilidad y… un horrible dolor muscular y de las articulaciones. ¿Por qué, si el virus de la gripe –como el de la covid-19– se introduce en nuestro cuerpo mediante las vías respiratorias, afectando a las mucosas de la nariz, la garganta y los pulmones?

La reacción inmunitaria es un arma de doble filo

En la mayor parte de las infecciones virales respiratorias, los síntomas no se deben de manera directa a la acción del virus sino más bien a la contestación del sistema inmunitario para quitarlo. Dolor de garganta, tos, incremento de la mucosidad, fiebre no son más que síntomas asociados a la contestación del cuerpo en frente de la acción del sistema inmunitario. Por eso son comunes a un sinfín de enfermedades virales y bacterianas.

Normalmente, prácticamente cualquier enfermedad que genera inflamación termina dando sitio a estos síntomas comunes que asimismo incluyen debilidad y dolor muscular y dolor articular. Es la contestación inflamatoria la que causa todos estos síntomas, independientemente del patógeno que los provoque. A la inflamación muscular acompañada de debilidad se la conoce como miositis, al paso que mialgia es el nombre que recibe el dolor en músculos y articulaciones.

Cuando se genera una contestación inmunitaria en frente de un patógeno, las distintas células que intervienen liberan una serie de proteínas de pequeño tamaño conocidas como citoquinas. Las citoquinas son de diferentes familias que regulan múltiples actividades de las células del sistema inmunitario y de otros órganos. Ciertas sirven para señalar el sitio donde se halla la infección, otras regulan el género de contestación que se debe generar conforme el patógeno que haya inficionado, otras controlan la intensidad de la contestación inmunitaria y otras aun regulan la reparación de los daños en los órganos y tejidos.

Las citoquinas son parte de un complejo sistema de señalización que las células del sistema inmunitario precisan para supervisar la contestación inmunitaria mas que asimismo influye en otros tejidos y órganos. Muchas de estas citoquinas generan inflamación no solo en el sitio de la infección sino más bien asimismo en otros órganos incluyendo músculos y articulaciones. De ahí que en gripes y en otras infecciones respiratorias, incluyendo la covid-diecinueve, se genere dolor muscular, bastante semejante al que se padece con una artritis leve.

En estas citoquinas, la interleuquina 1-beta (IL-1b), que genera fiebre, y las interleuquinas seis (IL-seis) y diecisiete (IL-diecisiete), así como el factor de necrosis tumoral-alfa (TNF-a), son las más relevantes para explicar el dolor muscular. En los casos de gripe y en otras infecciones virales, altos niveles de IL-seis en el músculo han sido asociados con el dolor.

Seguramente este dolor está asociado con la pérdida de músculo que se genera por la gripe mas asimismo con otras infecciones virales capaces de generar ruptura de las fibras musculares o rabdomiolisis. Estas rupturas musculares han sido asociadas a altos niveles de IL-seis o de TNF-a tras estas infecciones.

Como contestación a estas citoquinas, el músculo genera niveles elevados de prostaglandina E₂ (PGE₂), una molécula lipídica asociada con la inflamación y con el dolor. Por esa razón, contra el dolor y el debilitamiento muscular se prescriben antinflamatorios no esteroideos cuyo mecanismo de acción consiste en inhibir la producción de PGE₂. Como el ibuprofeno o el paracetamol.

Atajar el dolor, ¿sí o no?

Terminamos de explicar que tanto el dolor muscular como el articular son efectos secundarios de la contestación inflamatoria del sistema inmunitario en su intento de atajar la infección. Y que independientemente del origen que causa la inflamación, es la presencia de citoquinas inflamatorias la que provoca los síntomas más graves en el músculo y articulaciones. Síntomas que incluyen no solo el dolor sino más bien asimismo la pérdida de fibras musculares.

Ahora bien, hay una paradoja. La inflamación es la primera estrategia que usa el sistema inmunitario cuando procura atajar una infección viral. Es más, la contestación inflamatoria es esencial para sostener la infección controlada, y asimismo para arreglar los daños producidos por virus y bacterias. Si estas contestaciones son parte de la batería de armas que nuestro organismo emplea en su lucha continua contra los patógenos, ¿tiene sentido cancelarlas?

El dolor y la debilidad musculares en una infección viral pueden ser daños colaterales soportables. Otra cosa muy diferente es cuando se transforman en un síntoma crónico asociado con el desequilibrio del sistema inmunitario que está provocando una inflamación crónica muscular sin origen claro. Y probablemente eso sea lo que pasa en otros géneros de mialgias y fibromialgias, si bien aún hay mucha discusión a este respecto.

Se hace preciso hallar las claves que afectan al dolor crónico muscular acompañado por debilidad, y una liberación desmandada de citoquinas proinflamatorias podría ser la causa. De ahí la relevancia de supervisar los niveles de estas citoquinas en el tratamiento de esta clase de enfermedades.

Guillermo López Lluch, Catedrático del área de Biología Celular. Estudioso asociado del Centro Andaluz de Biología del Desarrollo. Estudioso en metabolismo, envejecimiento y sistemas inmunológicos y antioxidantes., Universidad Pablo de Olavide

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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