Nuevo prototipo para advertir radón, un gas carcinógeno que se amontona en las construcciones

Advertir con velocidad la acumulación del gas

Aparte de agregar las medidas de seguridad recomendables en las nuevas construcciones, es preciso efectuar mediciones veloces y fiables dentro de las edificaciones que nos dejen advertir los picos de acumulación de radón para obrar en consecuencia y resguardar, por ende, la salud humana. En este país, un equipo de estudiosos del Instituto de Microelectrónica de Barna (IMB-CNM-CSIC) ha cooperado en el diseño y desarrollo de un prototipo para la detección del gas controla sus niveles de manera automática y a distancia.

“Los dosímetros que hay en la actualidad en el mercado efectúan mediciones pasivas: los debes dejar unas horas en la habitación donde deseas medir el radón y después regresar y examinar los datos”, nos explica Salvador Noble, estudioso primordial del IMB-CNM-CSIC en el proyecto. “En otras circunstancias esto puede ser adecuado, mas cuando charlamos de condiciones que pueden afectar a la salud es preciso ser más proactivo, tener un control del entorno prácticamente en tiempo real y además de esto poder efectuar las correcciones convenientes automáticamente si los niveles de radón son elevados”. El nuevo prototipo es un detector portátil, que va conectado a la corriente y que da la medición real y periódica por medio de la red inalámbrica a la que esté conectado. Si la concentración de radón supera un determinado umbral, los elementos de ventilación se activarían de forma automática para regresar a niveles asumibles para la salud humana.

Las concentraciones de radón cambian mucho durante el día”, nos explica Manuel Joven, vicedirector de la Sala Blanca del IMB-CNM-CSIC. “Generalmente hay mucho amontonado al final de la noche, por la mañana desciende de manera brusca siendo el instante en el que frecuentemente se ventilan las construcciones, y después se prosigue amontonando durante el día. Además de esto, la presión atmosférica asimismo determina la liberación de radón, que aumenta cuando la presión baja”.

Peculiaridades del nuevo prototipo

El equipo ha desarrollado un sensor semiconductor para la detección de los elementos radiactivos generados a lo largo de la desintegración del radón y un sistema de control capaz de administrar medidas de concentración del gas con frecuencias inferiores a la media hora. Esta es la primordial novedad. “La mayoría de detectores comerciales lo que hacen es promediar la concentración de radón registrada en las 24/48 horas precedentes”, señala Dolores Cortina, estudiosa del Instituto Galego de Física de Altas Enerxías (IGFAE) de la Universidad de S. de Compostela. “Para ello, ha sido clave la implementación de un algoritmo conveniente a las altas capacidades del sensor desarrollado, dejando conjuntar velocidad y confiabilidad en la medida”, agrega.

La ingeniería que ha habido que desarrollar para aumentar al máximo la detección del gas ha sido, para los estudiosos, uno de los primordiales desafíos del detector, que contiene en su interior un sensor de silicio fabricado en la Sala Blanca de Micro y Nanofabricación Integrada del IMB-CNM-CSIC. “Los detectores de radón que hay hoy día montan el detector sobre el sensor, que acostumbra a ser un chip de silicio, y emplean los chips de silicio que existen en el mercado. Nosotros lo hemos hecho al revés: hemos fabricado un chip a la medida, con la geometría inmejorable para acrecentar la sensibilidad en la detección del radón”, explica Joven.

“El mayor reto ha sido la integración del silicio en el corazón del detector de radón; de su calidad, estabilidad y repetitividad dependen las peculiaridades finales del sistema”, señala Noble. “Se han fabricado estructuras modulares formadas por diez detectores de silicio, de las que para este prototipo se han empleado 3, posicionadas en forma novedosa. Esta solución nos deja contar con de un sistema muy flexible, con una veloz y simple adaptación dependiendo de la aplicación”, añade.

Ahora, y una vez listo el prototipo, va a ser preciso su desarrollo a nivel industrial. “Estamos en la etapa de busca de empresas comercializadoras con capacidad técnica para fabricarlo y repartirlo a gran escala”, explica Joven. “Es una fase muy compleja, mas importante: hoy día todos y cada uno de los dispositivos de detección de radón basados en chips que hay en el mercado vienen de fuera de la UE. La presente escasez global de microprocesadores ha puesto de manifiesto lo peligrosa que es la dependencia externa del suministro de chips”, concluye.

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