Everest

Los catorce ochomiles del planeta

Las montañas son preciosas, impresionantes, temibles, majestuosas… Más viejas que el tiempo, aparecen de la nada y se yerguen orgullosas, invencibles; a sabiendas de que dominan las tierras que roza la luz del sol y que son temidas y veneradas por los enanos seres que las utilizan como cobijo.  Las montañas son los huesos de esos gigantes caídos en combate tanto hace un tiempo. La columna  del enorme dragón que sobrevolaba el planeta con su aliento de fuego.  Las montañas tienen ese aura de misterio que resulta tan atrayente a los simples mortales. Para ellas no existe el tiempo ni el espacio, solo el planeta a sus pies.

Muchos son los valientes durante la historia que han logrado, o bien cuando menos intentado, ser los primeros en coronar las cumbres más altas del planeta, observar desde las alturas de los dioses la creación y sentir lo insignificantes que resultan el mundanal estruendos y los inconvenientes terrenales cuando se mira al planeta por sobre las nubes. Las ansias de descubrimientos y de ser los primeros en algo semejan ser 2 de las grandes motivaciones tras las pisadas de esos escaladores y alpinistas. ¿La recompensa a tanto esmero? La belleza natural que solo puede apreciarse desde las alturas, la satisfacción de haber superado los límites del humano a base de esmero y trabajo duro y el recuerdo de haber vivido una aventura desarrollada por la mismísima Gaia, la madre Tierra, solo para aquellos que estén prestos a exponerlo todo.

En el planeta solo existen catorce cumbres que superen los conocidos ocho mil metros en comparación con nivel del mar, las más grandes de entre las grandes. Las escarpadas laderas y las nevadas cimas aguardan pacientes a que el tiempo, su único oponente, haga mella en su superficie mientras que nos fascinamos con su altura y poderío. Repasamos sus peculiaridades y su historia en esta nevada fotogalería.

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