la «burbuja» de gran lujo en la mitad de la Venezuela chavista

El morro, Lecherías

El Complejo Turístico de El Morro, situado en Lechería, Anzoátegui, transporta a la Venezuela que había ya antes del chavismo y sus habitantes viven en la mitad de la debacle del país en una burbuja de mucho lujo, si bien cada vez menos distanciada a la realidad del país.

Se concibió para parecerse a Venecia, si bien más bien recuerda a las islas privadas de la ciudad de Miami Beach en las que vive bastante gente conocida.

Mas El Morro está en Venezuela, más específicamente en Lechería, en el Estado Anzoátegui, entre las urbes de Barna y Puerto La Cruz, en el centro-norte del país.

Las urbanizaciones del Complejo Turístico de El Morro son una compilación de enormes y vistosas casas, y suntuosas embarcaciones de recreo alineadas durante una sinuosa red de canales.

«En la Venezuela actual hubiese sido imposible edificar un proyecto de esta forma, por los costos que tuvo el dragado y la obra de ingeniería», afirma Ysbelsy Hernández, presidente de la Cámara Municipal de Lechería.

Para acceder a ellas hay que pasar controles de seguridad en los que recelosos vigilantes verifican la identidad del visitante y también impiden el acceso a quien no acredite la convidación de ciertos residentes.

Se trata de pequeñas urbes cerradas al exterior, en las que se hace evidente desde el primer instante la riqueza de sus habitantes.

Poca gente anda por las calles ajardinadas que discurren paralelamente a canales y embarcaderos. Solo pasan potentes camionetas.

A pesar de situarse en la Venezuela de la crisis, el coste inicial de ciertas casas a la venta supera el millón de dólares estadounidenses.

En el ambiente, la aglomeración urbana formada por Barna, Puerto La Cruz y Guanta, la llamada Gran Barna, el deterioro de las calles, como las conversaciones y el aspecto de la gente recuerdan que esto es Venezuela, un país que, conforme su Banco Central, ha perdido prácticamente la mitad de su riqueza nacional en apenas 6 años.

Petróleo y turismo

La costa del estado Anzoátegui fue de forma tradicional uno de los grandes centros de producción petrolera del país y un frecuentado destino que se favorecía de la llegada del personal de las compañías extranjeras que trabajaban en las refinerías de la zona. Ahora las cosas semejan haber alterado radicalmente.

«Aquí ya no llega nadie», lamenta un aparcacoches apostado en una de las primordiales avenidas de Puerto La Cruz.

Y, no obstante, El Morro se sostiene, en palabras de Hernández, «como una burbuja».

En su casa de ciento ochenta y seis metros cuadrados, Luis Azócar confirma las bondades de El Morro: «Aquí se vive bien y hay seguridad. Lechería es de las pocas urbes en las que se puede vivir apacible y el hampa no ataca tanto».

Azócar, de setenta y dos años, vive entre su casa en El Morro y las que tiene en Caracas y en la ciudad de Miami. Afirma que vive de sus ahorros.

A lo largo de años tuvo una rentable empresa dedicada a la producción de asfalto, mas, conforme cuenta, debió abandonarla a raíz de las trabas que comenzó a imponerle el gobierno tras el triunfo de la revolución socialista de Hugo Chávez.

Ahora pasa las tardes contemplando sus 2 navíos amarrados al lado de su residencia y paseando por un pantalán desde el que divisa las aguas turquesas del mar Caribe y la silueta de las islas que conforman el Parque Nacional Mochima, una de las joyas del litoral venezolano, ubicado a pocos quilómetros.

«Aquí solo debo salir al jardín para estar en la playa», comenta.

Azócar recuerda la idea que inspiró el sitio. «Se deseó que esto fuera la Venecia de Venezuela y que fuera el paso inicial para explotar turísticamente la zona».

Fue el arquitecto técnico Daniel Camejo el que en la década de mil novecientos setenta se lanzó a la urbanización de unos terrenos salinos en los que pensaba que podría levantar un complejo de residencias y canales que atrajese a venezolanos y extranjeros.

Eran los años del primer gobierno de Carlos Andrés Pérez (mil novecientos setenta y cuatro-mil novecientos setenta y nueve), cuando la nacionalización de la industria petrolera favoreció una temporada de expansión económica en Venezuela y se pusieron en marcha ambiciosos proyectos.

Caraqueños que procuraban una segunda vivienda, empleados de las compañías extranjeras que trabajaban en las explotaciones petroleras de la zona, y la gente de la Gran Barna que podía permitirse huir de su deterioro y de la falta de seguridad empezaron pronto a instalarse en estas nuevas y exclusivas urbanizaciones.

El ingeniero Glenn Sardi fue uno de los responsables encargados de dotar de servicios a la urbanización incipiente, un proyecto del que se enamoró tanto que prosigue viviendo en la casa que hizo edificar en una de las parcelas.

Son mil trescientos cincuenta metros cuadrados construidos y seis dormitorios, un jardín y una piscina en los que el señor Sardi ha visto pasar los años.

Al comienzo se la arrendó a un «americano» que trabajaba para una petrolera estadounidense, mas por último decidió instalarse mismo al lado de su familia en la casa y en un sitio que define como «único, irrepetible».

Ahora ve con preocupación que ciertos inconvenientes que aquejan al resto del país se sienten asimismo en él, como las fallas en el suministro de agua y de electricidad, a las que millones de venezolanos han debido habituarse.

«El gobierno no hace lo que debe hacer y nos quedamos sin servicios», se protesta Sardi, que tiene su despacho decorado con los planos originales del proyecto de construcción de El Morro.

La crisis asimismo llegó

La crisis, si bien no golpee tan duro, no ha pasado de largo por acá.

Azócar lamenta que la carencia de repuestos no le deja ahora salir a navegar al timón de Guamachín, el más grande de sus 2 navíos.

«Ahora existen muchas casas vacías por el hecho de que bastante gente se ha marchado del país», apunta Ysbelsy Hernández, una impresión que confirman los carteles de «se vende» clavados en muchas propiedades.

Ciertos que se fueron no lo hicieron por la crisis, como los hermanos Urbano Fermín, cuyo domicilio en El Morro fue registrado por las fuerzas de seguridad en dos mil diecisiete una vez que fuesen acusados de irregularidades en contratos con la compañía estatal de petróleos en la Faja Petrolífera del Orinoco, donde se realiza una gran parte de la extracción de crudo de Venezuela.

Conforme publicó la prensa local, 2 de los 3 hermanos se fueron del país para evitar la acción de los tribunales.

El registro de hasta 12 casas en una urbanización de El Morro en aquella operación policial llevó a muchos en el vecindario a preguntarse por el origen de las mansiones de diseño vanguardista que abundaron en los años anteriores al crack venezolano.

«Aquí hay gente que con veinticinco o treinta años ha amasado una fortuna que no pueden justificar», asevera Azócar.

Sardi asegura que «esos son los conectados del gobierno», quienes consiguieron trato de favor de las autoridades.

La presidente de la Cámara Municipal asegura que «aunque en el ayuntamiento de Lechería el chavismo ha sido siempre y en toda circunstancia minoritario, cuando triunfó comenzó a favorecer a otras elites diferentes a las tradicionales».

Fue entonces cuando Sardi y otros en su zona debieron comenzar a habituarse a unos vecinos de los que desconfían.

Inconvenientes de seguridad en El Morro

La falta de seguridad asimismo ha empezado a filtrarse cara el interior de la «burbuja».

Quizás por esta razón una mujer detiene su camioneta y se baja para solicitarle que se identifique al cronista de BBC Planeta que fotografía los navíos.

En el centro comercial Plaza Mayor, al que ya antes muchos se aproximaban en navíos que dejaban amarrados en el embarcadero, ya no hay la actividad de los buenos tiempos.

Los hurtos en sus instalaciones son una de las razones de que muchos de los restaurants y comercios que quedan abiertos estén ahora prácticamente vacíos.

Y en los últimos tiempos, conforme cuenta la presidente de la Cámara, han proliferado los conjuntos de pequeños llegados de otros lugares que cometen sus primeros delitos en Lechería.

«Hoy son pequeños, mas cualquier día van a dejar de serlo», afirma preocupada.

Mas, de momento, quienes viven en El Morro prosiguen viendo más las luces que las sombras.

«No me iría de acá ni loco», asegura Sardi.

«Aquí aún puedes vivir bien, si tienes dinero», concluye Ysbelsy Hernández.

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