Explora la Evolución: Historia y Teorías Reveladas

La Evolución de las Ideas: El Legado de Lamarck y Darwin

Jean-Baptiste Lamarck, un nombre que resonó en los albores de la biología evolutiva, fue el pionero en concebir una teoría que explicaba cómo la vida se transformaba de formas simples a complejas con el paso del tiempo. En 1809, el mismo año en que nació Charles Darwin, Lamarck publicó su obra Filosofía zoológica, marcando la primera gran incursión en la teoría de la evolución biológica y resaltando el papel del desarrollo de variaciones. Sin embargo, sería Darwin, junto con Alfred Rusel Wallace, quien décadas después propondría la teoría de la evolución por selección natural, introduciendo un cambio paradigmático en la comprensión de este proceso.

Entendiendo el Lamarckismo

En la época de Lamarck, el conocimiento sobre herencia genética era inexistente; Gregor Mendel aún no había nacido. Por lo tanto, el lamarckismo no se basaba en la genética, sino en el fenotipo, es decir, la expresión observable de los genes. Según Lamarck, la evolución era impulsada por cambios fenotípicos adquiridos durante la vida para adaptarse al entorno, y estos cambios, creía él, eran heredables. La famosa hipótesis de que el cuello de la jirafa se alargó por el esfuerzo de alcanzar hojas más altas y que dicho cambio se pasaba a la descendencia es un ejemplo clásico de su idea de la herencia de los caracteres adquiridos.

Darwin y la Revolución de la Selección Natural

Contrastando con Lamarck, Darwin argumentó que la evolución estaba primariamente guiada por la selección natural y no por la herencia de rasgos adquiridos. En su perspectiva, las variaciones en las especies surgían de forma aleatoria, y no por necesidades específicas o el uso de ciertos órganos. Darwin transformó la concepción de la relación entre órgano y función, concentrándose en la variabilidad aleatoria y la selección natural, donde las características beneficiosas se preservan y las perjudiciales se pierden con el tiempo.

Darwin y la Sombra de Lamarck

A pesar de la refutación parcial de Lamarck por parte de Darwin, un aspecto lamarckiano sobrevivió: la herencia de caracteres adquiridos, aunque no como un motor evolutivo sino como un mecanismo de herencia. Darwin propuso la pangénesis, una hipótesis que sugería que «gémulas» de todas las células del cuerpo podían transmitir características a la descendencia, una idea que coincidía con las teorías de herencia de Lamarck y Anaxágoras.

El Ocaso del Lamarckismo y el Auge de la Genética Moderna

Con el redescubrimiento de las leyes de Mendel en el siglo XX, la teoría de síntesis evolutiva combinó la selección natural darwiniana con la genética mendeliana, desplazando definitivamente al lamarckismo. No obstante, conceptos modernos como la epigenética han reanimado el interés en algunas ideas lamarckianas, aunque estos fenómenos no respaldan la noción de la evolución tal como la concibió Lamarck, sino que operan dentro de la teoría evolutiva moderna y están sujetos a la selección natural.

Conclusión

La historia de la biología evolutiva es un relato fascinante de cómo las ideas pueden evolucionar y adaptarse al descubrimiento de nuevas evidencias. Lamarck y Darwin, cada uno a su manera, contribuyeron a este relato, dejando un legado que aún hoy continúa inspirando y desafiando nuestra comprensión de la vida en la Tierra.

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