Los errores más frecuentes al pintar las paredes y cómo evitarlos

Pintar una pared conlleva muchas decisiones. Además del color de la pintura, debemos saber cuál es la más indicada según la superficie, así como tener en cuenta el estado de la pared e incluso la cantidad a aplicar. Un solo error y el resultado, indudablemente, no será como el esperado.

No es tan sencillo como parece

En el imaginario colectivo perdura la idea de que pintar una pared sólo lleva unas pocas horas, adornadas con música, y poco esfuerzo. Sin embargo, son muchas las personas que cometen grandes errores a la hora de pintar las paredes. A veces, errores que no sólo se limitan al momento de apoyar el rodillo en la pared, si no que, en muchos casos, aparecen antes de pintar nada. Y con graves consecuencias.

De hecho, en el blog de Pinturas Aenas—una completa tienda de pintura de alta calidad, con todo tipo de consejos, ejemplos y recomendaciones para dejar nuestras paredes impolutas— ya se menciona la importancia de cuidar el detalle cuando pintamos. No sólo por el bien de la armonía de nuestro hogar; si no porque una mala aplicación de la pintura puede causar problemas y desperfectos de difícil sanación.

No proteger adecuadamente las superficies

Cualquiera que haya pintado antes una pared se habrá percatado de que, en no pocas ocasiones, los brochazos pueden salpicar fatalmente nuestro mobiliario. Lo peor de todo, sin embargo, no es el hecho de que nuestros muebles o ventanas se manchen en sí, si no tener que quitar la pintura ya reseca de éstos. Si no utilizamos los productos adecuados, corriendo el riesgo de dañar o nuestros muebles.  

A riesgo de causar estragos, o de dedicar un nivel de atención extra a cada repaso que damos a nuestra pared, lo ideal es servirse de un buen rollo de papel de pintor y cubrir todo cuanto sea susceptible de empaparse de pintura. Como siempre, recordar que tanto cintas como esparadrapos son clave para que la pintura no tiña pequeños rincones como zócalos, interruptores o los quicios de las puertas.

No preparar las paredes antes de empezar

Aunque ya tengamos todo nuestro mobiliario a salvo, así como los objetos cercanos a la zona donde pintaremos debidamente guardados, envueltos o aislados, todavía no podremos empezar a pintar. Antes de hundir el rodillo en el bote es imprescindible echarles un vistazo a nuestras paredes. Es decir, comprobar si existen grietas u otras imperfecciones en las paredes para evitar relieves y también asegurar la adherencia.

En caso de encontrar grietas, deberemos pulirlas un poco, quitar el polvo resultante y, finalmente, aplicar masilla u otra pasta análoga para cubrirlas. Práctica que también será necesaria en caso de atisbar clavos o tacos salientes, que deberemos cortar a ras de pared si no queremos perder tiempo en extraerlos. Y eso no es todo. Además, es recomendable limpiar las paredes para eliminar pelusas, telarañas y otros elementos.

No elegir la pintura debidamente

Parece que todo está listo para pintar, pero ¿hemos escogido correctamente la pintura? Asumiendo que ya tengamos escogido el color, origen de infinitas discusiones domésticas, hay que tener claro que no todas las superficies piden la misma pintura. En ese sentido, no es lo mismo la pintura para pared interior que la pintura para una fachada o para una superficie totalmente lisa, rugosa o incluso húmeda. Razón por la que es imperativo informarse o consultar a un pintor especialista.

Del mismo modo, es también crucial haber calculado bien la cantidad de pintura que utilizaremos. Por una parte, aunque una poca cantidad de pintura pueda ahorrarnos algo de dinero, corremos el riesgo de que nuestra pared precise de más capas y, con ello, tengamos que hacer otro viaje a la tienda. Por el contrario, usar demasiada pintura no siempre es necesario, dado que podemos gastar demasiado dinero o, en caso de utilizarla, dejar chorretones secos en nuestra pared.

Escatimar en la calidad de los productos

De nuevo en relación a la pintura que escogeremos —aunque no lo parezca, todavía no deberíamos haber dado ningún brochazo—, decantarse por lo barato en detrimento de la calidad no es una opción inteligente. Aunque hayamos dado con una marca muy barata esto no asegura que su aplicación sea igual de buena. Por ello, a veces resultapreferible pagar un poco más a cambio de un resultado pulcro, bonito y duradero.

En caso de insistir en comprar la pintura más barata del mercado, ahí van algunos de los problemas que puede ocasionar. Si la pintura escogida no es de la calidad suficiente, podría adherirse mal y agrietarse o, en caso de que se trate de un producto específico para una superficie concreta, ésta podría dejar pasar la humedad o, si es de exterior, no resistir lo suficiente a las inclemencias del tiempo. En resumen: no vale la pena.

Dar la segunda capa antes de que se haya secado la primera

Abordados los puntos iniciales, podemos enorgullecernos de no haber manchado los muebles, de haber escogido bien la cantidad y la calidad y presenciar toda una obra de arte en casa. Sin embargo, todavía quedan errores por cometer. En muchos casos, es posible que la prisa —que nunca es buena compañera— nos haya jugado una mala pasado y estemos con el rodillo en mano antes de tiempo. En todo caso, siempre debemos esperar a que la pintura se seque. Con una duración variable según la época del año o la pintura, recomendando entre seis horas y un día de espera entre capas.

Así es. Dejarnos llevar por la emoción de ver nuestro entorno recientemente coloreado no es una opción prudente. Dado que la capa más profunda de pintura todavía estará húmeda, una segunda capa antes de tiempo causará problemas de cubrición. Es decir, la pintura no se adherirá lo suficientemente bien y, dado el caso, incluso habrá que esperar a una tercera capa de dudoso resultado. Sea como sea, queda claro que pintar una pared no es moco de pavo y que siempre viene bien consejo o mano experta.

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