¿De qué forma de sustentable es el cultivo de aguacate en España?

El aguacate se ha erigido como fruta simbólica en España. Si bien las primeras plantaciones ibéricas de aguacate se remontan al siglo XVI, hasta hace unas décadas era bastante difícil de hallar, casi todo el que se vendía procedía de otras áreas geográficas, se transportaba en cámaras para eludir su maduración, y llegaba aún verde, por lo que su calidad dejaba bastante que querer. No obstante, hoy podemos localizar aguacates en prácticamente cualquier frutería, en su punto inmejorable de maduración, y cultivado en España.

Una fruta de tendencia en el siglo veintiuno

Originario de América Central, el aguacate comenzó a cultivarse en España con fines de tipo comercial en la década de mil novecientos noventa, en Almuñécar, Granada. En la actualidad, en la provincia granadina cerca de tres mil quinientos hectáreas se destinan al cultivo de aguacate y Málaga cuenta con hasta ocho mil quinientos hectáreas más. Estas dos áreas cubren cerca del ochenta  por ciento de la producción ibérica de aguacate, el resto se reparte por la costa mediterránea hasta Valencia y el archipiélago Tirotear, y por la costa atlántica hasta el Cabo de San Vicente, en Portugal. Se puede destacar, como curiosidad, la proliferación del aguacate en las islas Canarias, que ya supera las mil doscientos hectáreas de cultivo.

FruteríaAguacate, desde los años noventa, un producto de cercanía en España

La producción de esta fruta tropical en la península está con fuerza limitada por la temperatura. El aguacate no aguanta temperaturas inferiores a cero °C, de ahí que en la mayoría de la península su cultivo sea imposible.

La pluralidad más cultivada y consumida en España es el aguacate hass; se genera a lo largo de todo el año, y la fruta puede continuar verde en la planta a lo largo de meses; la maduración se comienza cuando se efectúa la recolección. Aun así, tiene un instante perfecto de recolección, desde finales de octubre hasta el mes de mayo, a lo largo del como el producto alcanza su mayor calidad. Es, por ende, una buena opción de consumo en los meses de invierno, cuando la oferta de fruta y verdura de temporada es menor.

Este hecho, sumado a que se cultiva en territorio nacional, y por lo tanto, precisa pocos recursos para su transporte, da un producto con buenísimas propiedades organolépticas, y más sustentable que el aguacate proveniente de otros continentes, puesto que evita las grandes emisiones de gases de efecto invernadero generadas por esos largos transportes.

El lado obscuro del aguacate en España

Uno de los inconvenientes del aguacate, y que en verdad supone el factor limitante primordial para su cultivo en muchas zonas del planeta, es su alto requerimiento de agua. Las temperaturas de la costa suroriental de la península dan unas condiciones muy convenientes, mas, a cambio, la lluvia es escasa y sus regímenes irregulares. Además de esto, las previsiones de cambio climático señalan que este inconveniente irá a más: se espera que reduzcan las precipitaciones y aumente la frecuencia e intensidad de las sequías. Es muy posible que el agua proveniente de los ríos en estas zonas reduzca hasta un cuarenta  por ciento a mediados de este siglo.
Conforme un análisis llevado a cabo por el maestro Ruben Sommaruga, de la Universidad de Innsbruck (Austria) y el especialista en sistemas alimenticios Honor May Eldridge, de Bristol (R. Unido), teniendo presente la producción mundial, la huella hídrica promedio para un kilogramo de aguacate está estimada en mil cien litros; muy sobre el valor medio de la fruta normalmente, que está en ochocientos setenta y cinco litros por kilogramo. Cada hectárea de cultivo de aguacate precisa en torno a ocho mil metros cúbicos de agua al año.

AguacateroAguacatero, el árbol del aguacate.

En la costa sureste de España estos valores son bastante difíciles de alcanzar; el riego que reciben estos cultivares ronda los seis mil quinientos metros cúbicos por hectárea y año; en torno a un veinte  por ciento menos del que precisa para su producción inmejorable, lo que implica una pérdida de desempeño de, más o menos, el dieciseis  por ciento. Además de esto, la minoración en la disponibilidad de agua implica un elevado agobio hídrico y una caída en picado en la productividad para los árboles.
Esta demanda incesante de agua en zonas que ya son secas, y que de manera previsible lo van a ser aún más, acarrea tácitos unos impactos ambientales claros. Al acrecentar la demanda de agua de las cuencas hidrográficas —que cada vez van a estar más agotadas—, se acrecentará su humillación de forma acelerada.
Si las predicciones climáticas son adecuadas, la menor disponibilidad de agua para el ecosistema puede llevar a la desaparición de la flora de ribera, que cumple la función imprescindible de sostener el suelo y frenar significativamente la fuerza de los cauces. Sin esa flora, lluvias torrenciales puntuales producirán fuertes corrientes que desgastarán el suelo, ocasionando una grave pérdida de nutrientes, que van a ser depositados en el mar por escorrentía, acrecentando allá la deposición de sedimentos, con los impactos ecológicos siguientes.

Mientras que, en tierra firme, los suelos, poco a poco más eriales, van a perder la capacidad de retener el agua de lluvia, incrementando la aridez, y entrando en un círculo vicioso bastante difícil de romper.

Referencias:

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Sommaruga, R. et al. dos mil veintiuno. Avocado Production: Water Footprint and Asociado-economic Implications. EuroChoices, veinte(dos), cuarenta y ocho-cincuenta y tres. DOI: 10.1111/1746-692X.12289

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