Cuando el coronavirus entra en el cerebro

No va a ser simple olvidar la COVID-diecinueve. El sesenta por ciento de los pacientes hospitalizados desarrollan síntomas neurológicos y un doce por ciento de los que lo han superado tienen secuelas

Los datos de este artículo proceden de la Sociedad De España de Medicina neurológica, SEN.

Olvidar palabras, complejidad para concentrarse en las labores, un extraño cefalea que nada debe ver con el modo perfecto en que dolía la cabeza ya antes de la COVID. Esas son las secuelas más habituales del paso del coronavirus por el cerebro de quienes lo han sufrido.

La dolor de cabeza y la llamada ‘niebla mental’ son los síntomas neurólogos más frecuentes entre las personas que han superado la COVID. Son las secuelas más persistentes. Y, conforme la SEN, la COVID ha despertado una forma nueva de cefalea, que puede hacerse crónica.

La COVID-diecinueve es la autora de un género de cefalea muy concreto, semejante a la jaqueca, que se cronifica en un diez-veinte por ciento de los casos.

Otro dato atractivo de los registrados por la Sociedad De España de Medicina neurológica es que los pacientes inficionados por la COVID que ha tenido anosmia (perdida de olfato), pueden tardar hasta 3 años en recobrarlo por completo.

Además de esto, se confirma que sufrir COVID-diecinueve eleva el peligro de ictus: Un uno con dos por ciento de las personas inficionadas padecen ictus isquémicos y un cuatro por ciento trombosis venosas cerebrales.

Los ictus producidos por la COVID-diecinueve tienen un peor pronóstico, con una elevada mortalidad y discapacidad.

Estos son los primordiales síntomas neurológicos que se han detectado en pacientes COVID-diecinueve y las secuelas neurológicas más usuales entre quienes lo han superado. Los datos proceden de los especialistas de la Sociedad De España de Medicina neurológica (SEN) que han participado en el 2º Congreso Nacional Multidisciplinar COVID-diecinueve de las Sociedades Científicas de España, que se festejó la semana pasada en formato virtual y que contó con la participación de más de setenta sociedades científicas españolas.

Primordiales síntomas neurológicos del COVID-diecinueve

Uno de los últimos estudios que se han efectuado hasta la data apunta que el sesenta por ciento de los pacientes hospitalizados por COVID tuvieron síntomas neurológicos, si bien en el ochenta y cinco por ciento de los casos fueron síntomas leves y también inespecíficos.

“A lo largo de estos meses se han reportado en pacientes con COVID-diecinueve abundantes síntomas neurológicos como dolor muscular, encefalitis, encefalopatías, mielitis, crisis epilépticas, neuropatías,… Mas los más destacables por su alta prevalencia fueron la anosmia (perdida de olfato) y las dolores de cabeza y, por su gravedad, los accidentes cerebrovasculares, como los ictus isquémicos, ictus hemorrágicos, o bien trombosis venosas cerebrales que se han producido”, resalta el doctor Jesús Porta.

La anosmia puede ser una defensa contra el coronavirus

Se ha podido observar que la anosmia, aparte de ser un síntoma de buen pronóstico,  es uno de los síntomas más frecuentes en personas jóvenes, en mujeres y en personas con algún género de afección neurológica anterior.  En la mayor parte de los casos, esta anosmia se genera por la afectación de neuroepitelio olfativo y, en aquellos casos en las que la pérdida de olfato se extiende más en el tiempo se piensa que podría deberse a la neurodegeneración producida por las neuronas sensitivas-olfativas para eludir que el SARS-CoV-dos  invada el sistema nervioso, como mecanismo de defensa. Los pacientes se acostumbran a recobrar de esta pérdida de olfato entre la 2ª y la 8ª semana, si bien en ciertos casos esta restauración puede llevar hasta tres años. Si aparte de anosmia se desarrolla parosmia (distorsiones en el sentido del olfato, por norma general mal fragancia)  asimismo es síntoma de un buen pronóstico.

Un cefalea propios de la COVID

Con respecto a la dolor de cabeza, se ha descrito un género de cefalea muy concreto y asociado al virus: de peculiaridades opresivas, que empeora con la actividad y los movimientos de cabeza, que lúcida de noche a un treinta y tres por ciento de los pacientes y que a veces se acompaña de hipersensibilidad. Es por consiguiente una dolor de cabeza que se semeja a la jaqueca, si bien los pacientes que sufrían jaqueca, la identifican como un cefalea diferente.

Se piensa que los capítulos de dolores de cabeza pueden ser debidos a la tormenta de citoquinas y que entre un diez-veinte por ciento de los pacientes COVID-diecinueve que desarrollaron esta sintomatología pueden desarrollar una dolor de cabeza crónica, si bien todavía se están examinando los factores que puede incidir a fin de que se cronifique.

Los casos de ictus en pacientes de COVID-diecinueve

Menos usual, mas considerablemente más graves, son los casos de ictus que se han dado en pacientes COVID-diecinueve. Distintos estudios ya apuntan que, en pacientes hospitalizados, existe un aumento de peligro de ictus por COVID de cerca de un 1-dos por ciento en el caso de ictus isquémicos y de un cuatro por ciento en las trombosis venosas cerebrales, que aunque acostumbran a ir asociados a la gravedad de la infección, tienen un peor pronóstico: ciertas series internacionales resaltan que la mortalidad por ictus en personas con COVID alcanza el cincuenta y nueve por ciento .

“En nuestro centro, el uno con cuatro por ciento de pacientes con COVID-diecinueve ingresados desarrollaron ictus y con peor pronóstico en tanto que el setenta y cuatro por ciento de los supervivientes desarrollaron discapacidad funcional.  Y aunque la mortalidad no alcanzó al cincuenta y nueve por ciento , sí al treinta y cinco por ciento de nuestros pacientes, un porcentaje considerablemente más alto de lo que frecuentemente manejamos”, explica el doctor Francisco Hernández Fernández, neurólogo del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete. El veintiseis por ciento de los casos de ictus que se atendieron en este centro a lo largo de los primeros meses de la pandemia se generaron en pacientes con COVID-diecinueve. En el Centro de salud de Bellvitge, los casos de ictus en pacientes COVID-diecinueve supusieron entre el quince y el veinte por ciento de los casos totales.

Secuelas neurológicas de la COVID-diecinueve o bien síndrome blog post- COVID-diecinueve

Un reciente estudio efectuado en España apunta que el cincuenta y uno por ciento de pacientes que ha subsistido al COVID-diecinueve han desarrollado secuelas que pueden alargarse aun doce meses.

Los síntomas neurológicos alcanzan a un doce por ciento de los pacientes artículo-COVID y entre ellos resaltan sobre todo la dolor de cabeza y los inconvenientes cognitivos (la llamada “niebla mental”). Si bien asimismo son muy frecuentes otros no solamente neurológicos como pueden ser la fatiga o bien el dolor muscular: más del cincuenta por ciento de los pacientes que han pasado la COVID-diecinueve presentan fatiga y trastornos del sueño. Además de esto, el cefalea, la fatiga y el dolor muscular figuran entre las secuelas más persistentes.

“En el caso de la pérdida de olfato, si bien la enorme mayoría de los pacientes se acostumbran a recobrar ya antes de la 8ª semana, sabemos por virus semejantes que recobrarse de la anosmia puede alargarse hasta los tres años. Asimismo comentábamos ya antes que estimamos que entre un diez y un veinte por ciento de las dolores de cabeza por COVID-diecinueve se cronifican, o sea, que producen cefalea más de quince días por mes. Y en comparación con dolor muscular, pues son poquísimos los pacientes los que han desarrollado afectación directa del musculo, creemos que se trata de una consecuencia de la contestación inflamatoria, semejante a la que generan otros virus”, explica el doctor Jesús Porta.

“Respecto a la llamada ‘niebla mental’ tampoco es algo nuevo  puesto que es una cosa que de antemano ya se había observado en pacientes con dolores crónicos o bien en personas que sufren depresión o bien ansiedad. Mas asimismo se estudia la posibilidad de que en ciertos casos se deba a una disfunción mitocondrial producida por el virus o bien que hacer sufrido la enfermedad haya acelerado procesos en personas que seguramente en un futuro hubiesen desarrollado algún género de enfermedad neurodegenerativa. Por ende, lo prudente sería examinar cada caso concretamente para determinar la causa que pueda estar tras estos inconvenientes cognitivos”.

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