Crean un mapa interactivo para visualizar el tiempo del pasado

El tiempo es una entidad variable. Somos muy siendo conscientes de ello, sobre todo por el hecho de que hemos sido , los humanos, los que, por medio de nuestra actividad, hemos empezado un cambio climático cuyas consecuencias ya empezamos a padecer. No obstante, para poder pronosticar y entender qué nos depara el tiempo del futuro, es esencial conocer de qué manera fue el tiempo del pasado y de qué forma marchan los sistemas climáticos.

Conociendo el tiempo viejo

En la actualidad, se toman datos incesantes y continuos de un sinnúmero de variables climáticas, en tiempo real. Desde el más modesto termómetro en un balcón, hasta los satélites meteorológicos que orbitan geoestacionarios, la monitorización del tiempo, y por tanto, del tiempo, es más precisa, precisa y completa que jamás.

No obstante, ninguno de estos recursos se pueden aplicar al pasado recóndito. En la mayoría del planeta, los registros fiables solo se remontan a unas décadas, no más de un siglo atrás. En casos muy localizados se puede ir un tanto más atrás, mas perdiendo precisión y precisión. El registro climático directo más viejo del que tenemos perseverancia es el de la temperatura en el centro de Inglaterra, en el año mil seiscientos cincuenta y nueve, ya antes aun de que Daniel Fahrenheit idease el termómetro de mercurio en mil setecientos catorce.

Estos datos pueden ser aproximadamente válidos para revisar ciertas tendencias modernas, mas resultan inútiles para revisar el tiempo de hace siglos, milenios o considerablemente más hace un tiempo. No obstante, hay otras formas de conocer el tiempo del pasado.

Por lo general, la Tierra dispone de registros propios, que han quedado grabados en diferentes formaciones: ya sea el polen viejo, los testigos de hielo en glaciares o en la Antártida, las alteraciones en el desarrollo de corales, e inclusive los cambios en los anillos de desarrollo de los árboles. El tiempo viejo ha dejado huellas que se pueden observar. Datos que se pueden estudiar. Este género de datos que, de forma indirecta, acercan el conocimiento de algo que no puede conseguirse directamente, se llama ‘proxy’ —en climatología y en otra rama de la ciencia—.

Mapa mundial con más de diez cero estudios climáticos empleando hasta diecisiete tipos diferentes de ‘proxy’ (Carbon Brief).

La utilidad de los ‘proxies’

Un dato de ‘proxy’, por sí mismo, da una información muy localizada geográfica y provisionalmente. Los anillos de desarrollo de un árbol dejan acercar el conocimiento del tiempo en el sitio en el que ese árbol medró, y a lo largo de todo el tiempo en que el ejemplar estuvo vivo. Mas para conocer rangos espaciotemporales más extensos, hasta el punto de revisar registros históricos completos y globales es preciso unir la información proveniente de muchos ‘proxies’.

Con datos de ‘proxies’ de muchos instantes de la historia recóndita de un mismo sitio, es posible trazar tendencias climáticas de rangos temporales extensos, y al hacerlo con ‘proxies’ presentes en muchos lugares del planeta, se pueden conseguir tendencias globales. Mas las investigaciones y las publicaciones científicas por norma general solo disponen de los datos logrados desde ‘proxies’ estudiados. No es frecuente que unos estudiosos trabajen a la vez con testigos de hielo y con registros de polen viejo.

Para esto, el equipo multidisciplinar de Carbon Brief, dirigido por Leo Hickman, ha creado un increíble mapa interactivo global que agrupa datos provenientes de más de diez cero estudios científicos y hasta diecisiete tipos diferentes de proxy, entre aquéllos que se incluyen análisis de esponjas y corales, sedimentos marinos, fósiles, polen viejo, deposiciones de polvo o testigos de hielo.

Mapa de los estudios climáticos basados en ‘proxies’ en España; la mayor parte son estudios de anillos de desarrollo (Carbon Brief).

El mapa interactivo desarrollado por Carbon Brief incluye múltiples estudios en España, entre ellos estudios dendrocronológicos que examinan los anillos de árboles viejos, registros de incendios, sedimentos de lagos y estudios en grutas. Uno de ellos es el dirigido por Andrew C. Smith, de la Universidad de Lancaster, efectuado en dos mil dieciseis en la gruta de Asiul, en Ruesga (Cantabria), donde se compendiaron datos de ‘proxies’ climáticos basados en isótopos de oxígeno de más de doce doscientos años.

Resalta además el estudio llevado a cabo por el equipo de Carlos Pérez-Mejías, estudioso de España en la actualidad trabajando en el Instituto de Cambio Global Medioambiental de la Universidad Xi’ian Jiaotong, en China. Este estudio se hizo en la gruta del Recuenco, en Eljuve (Teruel) en dos mil diecisiete, y en él se consiguieron datos de ‘proxies’ climáticos de isótopos de oxígeno y carbono en espeleotemas, de hace entre doscientos cincuenta y siete cero y doscientos diecinueve cero años.

Gráfica de temperaturas globales de los últimos dos mil años, lograda merced a proxies climáticos. En colorado, la línea con los datos de registros históricos (Carbon Brief).

La unión hace la fuerza

Cada dato tiene un rango de fallo inevitable, por su carácter de aproximación. No obstante, puesto que los ‘proxies’ dejan conseguir asimismo datos recientes, se pueden calibrar con los datos reales libres de las últimas décadas, reduciendo significativamente la inseguridad ocasionada por la ausencia de datos directos en tiempos recónditos.

Además de esto, la unión de datos logrados desde diferentes aproximaciones produce conclusiones considerablemente más robustas, que dejan reducir esos rangos de fallo. Gracias, por lo tanto, a la conjunción de todos y cada uno de los datos globales conseguidos en esos miles y miles de estudios, compendiados y centralizados en un mapa, es posible desarrollar gráficas con una precisión más que admisible. Esto nos deja revisar que en las últimas décadas de la historia hemos superado la temperatura global sobre cualquier otro instante en los últimos dos mil años.

Comprender el tiempo del pasado nos da una perspectiva sobre la actual situación y nos ayuda a pronosticar lo que está por venir. Herramientas como el mapa interactivo desarrollado por Carbon Brief, que combina los datos de múltiples estudios, son esenciales para el estudio del tiempo, la creación de modelos precisos y la predicción científica.

Referencias:

Hickman, L. et al. s. f. Carbon Brief – Clear on climate.

McSweeney, R. et al. dos mil veintiuno. Mapped: How ‘proxy’ data reveals the climate of the Earth’s distant past.

Pérez-Mejías, C. et al. dos mil diecisiete. Abrupt climate changes during Termination III in Southern Europe. Proceedings of the National Academy of Sciences, ciento catorce(treinta y ocho), diez cuarenta y siete-diez cincuenta y dos. DOI: diez.1073/pnas.1619615114

Smith, A. C. et al. dos mil dieciseis. North Atlantic forcing of moisture delivery to Europe throughout the Holocene. Scientific Reports, seis(1), veinticuatro mil setecientos cuarenta y cinco. DOI: diez.1038/srep24745

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